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CENTROS CLANDESTINOS DE DETENCIÓN

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Los centros clandestinos de detención (CCD) fueron instalaciones secretas empleadas por las fuerzas armadas y de seguridad para ejecutar el plan sistemático de desaparición de personas implementado por la dictadura militar que ocupó el poder en la Argentina entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional.

Durante este proceso, Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque  contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Cinco grandes centros fueron el eje de todo el sistema: la ESMA y Club Atlético en la Ciudad de Buenos Aires; el Campito (Campo de Mayo) y el Vesubio en el Gran Buenos Aires (Provincia de Buenos Aires); y la Perla en Córdoba.

POZO DE QUILMES

El “Pozo de Quilmes” actualmente ocupado en parte por la Brigada Femenina de la Policía Provincial, en la intersección de Allison Bell  y Garibaldi de nuestra  localidad, cumplió una función específica dentro del circuito de centros clandestinos de la Provincia de Buenos Aires (conocido como “circuito Camps”), como eslabón de “depósito de prisioneros”, lugar de obtención de información, y uno de los pasos previos a la decisión sobre el destino de cada detenido-desaparecido: el traslado final (asesinato) o la “legalización”, para la cual pasaba por alguna comisaría y luego era destinado a algún penal.

Está constatado que por el “Pozo de Quilmes”  pasaron  prisioneros extranjeros provenientes de Uruguay, Paraguay y Chile. Y también en la dependencia tuvieron una participación activa represora extranjera, en este caso perteneciente al Ejército uruguayo, que se ocupaban de interrogar y torturar a los detenidos ilegales de esa nacionalidad. La integración del “Pozo de Quilmes” a la operatoria puesta en marcha con el Plan Cóndor se cristalizó de manera más paradigmática con el caso de los prisioneros y represores uruguayos.

El ingreso de prisioneros ilegales al “Pozo de Quilmes” no se producía siempre por el mismo lugar, pero en la mayoría de los casos se realizaba por el garage del edificio de cuatro plantas, sobre la calle Garibaldi, atravesando un portón pesado que corría por un riel. Desde ese garage, se accedía directamente a la escalera que llevaba a los pisos superiores, en donde se encontraban los calabozos. A través de las pequeñas ventanas de estos calabozos se podía ver el edificio del Hospital de Quilmes, que se encontraba a dos cuadras de allí.

Cuando la Brigada de Investigaciones de Quilmes dejó de ser utilizada como centro clandestino de detención, y antes de que la Conadep realizara inspecciones oculares con sobrevivientes, ambos edificios fueron modificados para ocultar sus rasgos más reconocibles. En el edificio de los calabozos, se sacó el portón de hierro (aunque el riel sobre el que corría permaneció intacto), se ocultó la escalera estrecha por la cual ascendían y descendían los prisioneros, se tapió la parrilla y se pintaron las paredes de los calabozos y celdas.

El “Pozo de Quilmes” no era un centro clandestino que estuviese especialmente preparado para manejar los nacimientos en cautiverio, y es por eso que su funcionamiento respecto de las mujeres embarazadas no tuvo un carácter sistemático: cada caso tuvo características particulares, y es difícil realizar una generalización. No obstante, sí es posible marcar una tendencia, sobre todo en lo referente a la conexión que este CCD mantuvo con el “Pozo de Banfield” en este aspecto puntual: es más que factible inferir que fue debido a esta falta de infraestructura que la Brigada de Quilmes estableció una conexión tan fluida con el “Pozo de Banfield” respecto de las detenidas embarazadas. De hecho —y sin considerar los casos de las prisioneras encintas de Quilmes que perdieron sus bebés o que fueron liberadas antes del parto—, de las cinco embarazadas que estuvieron en el “Pozo de Quilmes” cuyos embarazos llegaron a término en cautiverio, tres de ellas fueron trasladadas a Banfield para el momento del parto.  

 Allí, solían ser “atendidas” por el médico policial Jorge Antonio Bergés, que visitaba más asiduamente el “Pozo de Banfield” que la Brigada de Quilmes.

PLAN CÓNDOR

El “Pozo de Quilmes” fue un eslabón en el circuito de centros clandestinos que funcionó como apoyo para el llamado “Plan Cóndor”, el mismol consistió en la coordinación entre las dictaduras de varios países del Cono Sur —Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay—, para implementar la represión ilegal a través de sus fuerzas armadas y de seguridad, sin límites de fronteras ni jurisdicciones nacionales.

Objetivos:

Por un lado, El Plan Cóndor preveía el secuestro de personas perseguidas en sus países de origen que se encontraban refugiadas en otra nación (por ejemplo, chilenos y uruguayos que habían escapado hacia Argentina por las dictaduras instaladas en 1973 en sus países, o argentinos que, corridos por el golpe de Estado argentino en 1976, huyeron a Paraguay, Bolivia o Brasil), y por otro, en cada país se daba vía libre para actuar a represores venidos de esos otros países, que generalmente operaban sobre “sus” perseguidos. 

El Plan Cóndor incluyó un fluido intercambio de información entre las fuerzas de seguridad de los gobiernos dictatoriales: fichas personales, seguimientos, fotografías, e informes de inteligencia sobre los militantes exiliados. Como ejemplo, basta mencionar el expediente con más de 600 hojas que fue hallado en los archivos del Servicio de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (SIPBA), remitido originalmente por la Jefatura de Policía de Montevideo a la Superintendencia de la Policía Federal Argentina. El legajo cuenta con información acerca de más de 60 presuntos integrantes del MLN-Tupamaros, y requisitorias de datos personales por parte de las autoridades de ambos países.

PUESTO VASCO

El Centro clandestino de detención Puesto Vasco ubicado en Pilcomayo 59, cercano a la estación Don Bosco formó parte del sistema de campos de concentración dependientes de la Jefatura de la Policía de la provincia de Buenos Aires, centros que funcionaron en algunos casos, bajo la Dirección General de Investigaciones, y en otros casos, bajo la Dirección General de Seguridad.

Los organismos nucleados en "Justicia Ya en La Plata" tuvieron que reconstruir, en base al cruce de decenas de testimonios, el paso de las más de 60 personas que sufrieron su cautiverio en esta dependencia policial. Entre ellas, estuvieron el periodista Jacobo Timerman, los empresarios Juan e Isidoro Graiver, el ex juez Ramón Miralles y su hijo Julio Miralles, y el periodista Osvaldo Papaleo.

Si bien el Puesto Vasco era un centro de capacidad reducida en cuanto a la cantidad de detenidos, recibía la visita frecuente de altos jefes militares y policiales, hecho que indica que las tareas de inteligencia que allí se realizaban revestían particular importancia.

 

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